Saturación Emocional y Fatiga Mental en Adultos

Explora cómo la saturación emocional y la fatiga mental afectan a los adultos con TDAH. Este análisis social ofrece claves para recuperar un espacio habitable y mejorar la salud mental.

VEILLE SOCIALESPIRITUALITE

Lydie GOYENETCHE

1/6/20268 min leer

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Hace algunos años, cuando me convertí en madre y trataba de conciliar mi trabajo como responsable comercial en el sector de productos frescos —con jornadas intensas entre restauradores y colectividades—, empecé a percibir algo que en ese momento no sabía nombrar. Cada día terminaba emocionalmente agotada. No se trataba solo de cansancio físico, sino de una sensación constante de sobrecarga interior, como si toda mi energía mental se hubiera consumido antes de llegar a casa.

El estrés marcaba el ritmo de mis días. Las urgencias profesionales, la presión de los objetivos, los desplazamientos frecuentes y la necesidad permanente de estar disponible dejaban muy poco espacio para la recuperación. Al final de la jornada, me daba cuenta de que ya no tenía atención disponible para mi hijo —hijo único— ni para mi pareja. No porque no quisiera dársela, sino porque esa atención parecía haberse agotado sin que yo pudiera controlarlo. A esto se sumaban insomnios recurrentes, una dificultad creciente para calmar la mente incluso en momentos de descanso, y una sensación constante de alerta.

Durante años pensé que se trataba de un problema de organización, de exceso de trabajo o de exigencia personal. Como muchas personas adultas, asumí que este estado formaba parte de la vida profesional y familiar. Sin embargo, los datos muestran que esta experiencia es ampliamente compartida. En Europa, más del 60 % de los adultos en edad activa declara vivir con un nivel elevado de estrés cotidiano, y cerca del 40 % afirma experimentar una fatiga mental persistente. Entre las personas con responsabilidades familiares, estas cifras son aún más altas.

Fue solo años más tarde, al intentar nuevamente conciliar múltiples exigencias profesionales y personales, cuando comprendí que no se trataba únicamente de resistencia o de voluntad. Algo no funcionaba a nivel cognitivo y emocional. Decidí entonces iniciar un proceso de evaluación y diagnóstico.

El resultado fue inesperado: tenía un TDA (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad). Un trastorno neurocognitivo invisible que había estado presente durante mucho tiempo sin haber sido identificado.

Este descubrimiento no supuso una solución inmediata, pero sí un punto de inflexión. Comprendí que muchas de las dificultades que vivía —la sobrecarga emocional constante, la sensación de dispersión, la fatiga psíquica, la dificultad para desconectar— no eran fallos personales ni falta de compromiso. Estaban relacionadas con un funcionamiento cognitivo específico, todavía poco reconocido en la edad adulta y especialmente en mujeres.

Actualmente se estima que entre el 3 % y el 5 % de los adultos presenta TDAH, y una gran parte de ellos no ha sido diagnosticada. En muchos casos, el trastorno no se manifiesta mediante una hiperactividad visible, sino a través de una hiperactividad mental, una dificultad para filtrar estímulos y una vulnerabilidad particular a la sobrecarga emocional. Esto explica por qué muchas personas buscan en internet expresiones como fatiga mental, saturación emocional o mi mente no se detiene, sin pensar inicialmente en el TDAH.

Esta introducción no pretende medicalizar la experiencia ni reducirla a un diagnóstico. Su objetivo es poner palabras a una vivencia compartida por muchas personas adultas, especialmente aquellas que sostienen múltiples responsabilidades y sienten que su energía interior se agota sin comprender por qué. Comprender estos mecanismos es un primer paso para salir de la culpabilidad, recuperar claridad y empezar a responder de manera ajustada a una realidad interior que durante mucho tiempo permanece invisible.

La presión interior invisible detrás de la saturación emocional

La presión del éxito como construcción interior

Para comprender la intención real detrás de búsquedas como saturación emocional o fatiga mental, es necesario mirar más allá del estrés visible. En muchos casos, el origen de esta sobrecarga no está únicamente en el ritmo de trabajo, sino en una presión interior profundamente interiorizada. Tras salir de la vida religiosa e incorporarme al mundo profesional, asumí de manera casi automática que debía tener éxito, estar a la altura de mi nivel académico y demostrar una progresión social coherente con mis estudios. Esta exigencia no provenía directamente del entorno laboral, sino de una comparación silenciosa con trayectorias familiares y sociales ya consolidadas.

Las ciencias sociales muestran que más del 70 % de las personas con estudios superiores experimenta una presión interna ligada a la idea de rendimiento y ascenso social, incluso cuando su situación profesional es estable. Esta presión se vuelve aún más intensa cuando el recorrido profesional no avanza al ritmo imaginado, generando una tensión constante entre lo que se es y lo que se cree que se debería ser.

Maternidad y aceleración social contradictoria

La llegada de la maternidad no alivió esta presión, sino que la intensificó. Aunque deseaba profundamente dedicar más tiempo a mi hijo, quise al mismo tiempo acelerar mi avance profesional, como si la maternidad exigiera una prueba adicional de competencia y legitimidad social. Esta contradicción es ampliamente documentada. En Europa, más del 65 % de las madres activas declara vivir un conflicto persistente entre aspiraciones profesionales y necesidades familiares, un factor reconocido de agotamiento emocional y mental.

Esta tensión permanente entre presencia y rendimiento crea una fatiga que no desaparece con el descanso. Se instala en el cuerpo y en la mente, alimentando una sensación de insuficiencia constante.

El agotamiento prolongado y la ruptura necesaria

Durante varios años trabajé con compromiso y constancia, sosteniendo una carga emocional creciente. Sin embargo, cuando la fatiga se volvió estructural, la dimisión no fue un abandono, sino una decisión de supervivencia psíquica. Las investigaciones en sociología del trabajo indican que los cuadros de agotamiento prolongado aparecen con mayor frecuencia después de 5 a 7 años de exposición continua a una presión interior no cuestionada.

Fue màs tarde cuando el diagnóstico de TDA aportó una clave de lectura decisiva. Comprendí que no solo había estado enfrentando exigencias externas, sino también un funcionamiento cognitivo que amplificaba la dispersión, la autoexigencia y la sobrecarga emocional.

Reconstruir sin renunciar a la ambición

Tras este diagnóstico, quise construir un entorno profesional más ajustado a mi realidad, sin reducir mis ambiciones. El cambio no consistió en renunciar al deseo de avanzar, sino en desplazar el centro de gravedad. Hoy, la espiritualidad no ocupa un espacio marginal ni compensatorio. Es el eje desde el cual se organiza todo lo demás.

Antes, la oración era un tiempo delimitado. Hoy, intento vivir desde la oración, aceptar mi pobreza interior y dejar de medir mi valor únicamente a través del rendimiento. Este cambio de perspectiva transforma la relación con el tiempo, el éxito y el fracaso. Estudios en psicología social muestran que las personas que integran una dimensión espiritual coherente en su vida cotidiana presentan una mejor regulación emocional y una reducción significativa del estrés percibido.

Regulación cognitiva y límites del tratamiento

El tratamiento farmacológico me ayuda a estructurar la atención, a reducir la dispersión y a contener la hiperactividad mental característica del TDAH. También contribuye a una mejor regulación emocional. Sin embargo, este tratamiento incluye pausas. Estas pausas recuerdan una verdad esencial: la medicación no sustituye un equilibrio vital.

La regulación cognitiva es una ayuda, no una solución total. La estabilidad emocional depende también de la coherencia entre valores, ritmo de vida y prioridades reales.

Prioridades, valor personal y liberación interior

Hoy, mis prioridades son claras: mi familia, mi vida interior y el desarrollo de mi actividad profesional. Trabajo y hago avanzar mi empresa, pero intento no convertirme en prisionera de mis ambiciones ni de la necesidad de demostrar constantemente que valgo más que una etiqueta diagnóstica. Las ciencias sociales confirman que cuando el valor personal deja de depender exclusivamente del rendimiento, la carga emocional disminuye de forma significativa.

Detrás de muchas búsquedas relacionadas con la saturación emocional no hay fragilidad, sino años de presión interior acumulada, expectativas no cuestionadas y una falta de espacios donde la persona pueda existir sin justificarse. Comprender esta realidad es un primer paso para que la fatiga deje de ser un destino y se convierta en una señal que invita a una transformación profunda.

La sobrecarga emocional como síntoma de una desintegración del cuerpo social

La desaparición de los marcos colectivos y la soledad estructural del individuo

A finales del siglo XIX, Émile Durkheim describía la anomia como un estado social en el que los individuos dejan de estar regulados e integrados por normas colectivas estables. Más de un siglo después, esta noción resulta especialmente pertinente. En las sociedades contemporáneas, el individuo ya no hereda un lugar social definido. Debe construirlo por sí mismo, sin apoyarse en comunidades duraderas ni en trayectorias claramente reconocidas.

Según la OCDE, más del 58 % de los adultos activos en los países miembros declara sentir que su posición social es frágil o inestable, incluso cuando dispone de empleo. Esta fragilidad no es solo económica. Es simbólica y relacional. La ausencia de pertenencias colectivas sólidas obliga a cada persona a sostener sola el peso de su legitimidad.

La presión de la auto-construcción social y sus efectos psíquicos

En este contexto, la identidad profesional deja de ser un marco y se convierte en una tarea permanente. Las ciencias sociales muestran que más del 70 % de los trabajadores cualificados siente una presión constante para demostrar su valor, actualizar su perfil y justificar su utilidad. Esta exigencia de auto-construcción continua es un factor reconocido de fatiga mental y sobrecarga emocional.

En los países de la OCDE, los trastornos relacionados con el estrés y el agotamiento representan hoy una de las primeras causas de absentismo laboral. La Organización Mundial de la Salud estima que los problemas de salud mental cuestan más del 4 % del PIB en los países desarrollados, principalmente debido a la pérdida de productividad y a las interrupciones de carrera.

La visibilidad en línea como sustituto del reconocimiento social

La transformación digital ha desplazado una parte del reconocimiento social hacia el espacio en línea. En ausencia de cuerpos colectivos estables, la visibilidad digital se convierte en un medio de existencia social. Según estudios europeos recientes, más del 75 % de los profesionales considera que su visibilidad en línea influye directamente en su credibilidad y en sus oportunidades de evolución.

Sin embargo, esta visibilidad no es neutra. Cerca del 45 % de los usuarios activos de redes profesionales declara sentir ansiedad o incomodidad frente a la necesidad de exponerse, compararse y mantener una imagen coherente. La visibilidad, cuando no está acompañada, deja de ser integración y se transforma en presión performativa.

LinkedIn entre reconstrucción del cuerpo social y nueva exigencia de rendimiento

LinkedIn ocupa un lugar central en este fenómeno. Para muchos profesionales, se ha convertido en el principal espacio donde reconstruir un cuerpo social simbólico, basado en la palabra, la experiencia y la trayectoria. Más del 60 % de los usuarios afirma utilizar la plataforma para reforzar su legitimidad profesional y su sentimiento de pertenenciaz.

Al mismo tiempo, esta exposición permanente puede reforzar la sensación de no estar nunca a la altura. La comparación constante, la lógica de visibilidad et la presión a la coherencia perfecta son factores que contribuyen directamente a la saturación emocional, especialmente en personas ya vulnerables a la sobrecarga cognitiva.

El acompañamiento editorial como forma de reintegración social

Frente a esta realidad, el acompañamiento editorial y estratégico no consiste en aprender a “hacerse visible”, sino en reconstruir un lugar social legible y habitable. Cuando la palabra profesional está alineada con la experiencia real, cuando la trayectoria se narra con sentido y cuando la visibilidad deja de ser una prueba permanente, el individuo puede volver a sentirse incorporado en un cuerpo social, aunque sea simbólico.

Las investigaciones en sociología del trabajo muestran que las personas que logran dar coherencia a su relato profesional reducen significativamente su nivel de estrés percibido y aumentan su sensación de control. La visibilidad deja entonces de ser una carga y se convierte en un acto de mediación, capaz de aliviar la presión psíquica.

De la anomia individual a una responsabilidad colectiva

La sobrecarga emocional no es únicamente una cuestión individual. Es el reflejo de una sociedad donde el reconocimiento ha sido externalizado y fragmentado. Como lo señalaba Durkheim, cuando el individuo queda solo frente a la construcción de su lugar, el riesgo es una fatiga profunda, no solo mental, sino existencial.

Restituir formas de mediación, de narración colectiva y de visibilidad ajustada es hoy un enjeu humano y social majeur. Acompañar esta reconstrucción no es un lujo ni una estrategia de imagen. Es una respuesta estructural a un malestar contemporáneo, cuyas consecuencias psíquicas están ampliamente documentadas en las sociedades de la OCDE.