Taylorismo y rentabilidad: Cuando el control minucioso destruye tus neuronas
"El Taylorismo sigue presente, prometiendo rentabilidad pero a costa del control extremo y la deshumanización. Descubre sus efectos y las alternativas para un futuro más humano
DYNAMIQUE DE GROUPEMANAGEMENT
Lydie GOYENETCHE
9/13/20245 min leer


Condiciones laborales en residencias de Madrid: cuando el cuidado se convierte en control
Una capital envejecida con estructuras del pasado
En el corazón de Madrid, ciudad vibrante y moderna, se esconde una realidad mucho menos visible: la de las trabajadoras que cuidan a las personas mayores en residencias donde el reloj manda más que la vocación. En 2024, la Comunidad de Madrid superó los 1,2 millones de personas mayores de 65 años, lo que representa cerca del 18 % de su población. La demanda de atención aumenta, pero los modelos organizativos en muchas residencias siguen anclados en una lógica de control, productividad y jerarquía heredada del siglo XX.
Cronometrar el cuidado: la lógica taylorista aún vive
Lo que una vez fue una estrategia industrial basada en dividir tareas y eliminar el pensamiento en el obrero, ha resurgido bajo un nuevo disfraz en el ámbito de los cuidados. En algunas residencias madrileñas, el día de una auxiliar de vida social (AVS) está planificado al minuto: ocho minutos para cambiar una cama, diez para ayudar en el aseo, cinco para acompañar al comedor. No hay tiempo para conversar ni improvisar. Y si necesitas un producto de limpieza, debes pedir la llave al responsable. La autonomía desaparece bajo una marea de instrucciones cerradas.
Este modelo reduce costes operativos y facilita el reemplazo del personal, pero convierte a los cuidadores en piezas intercambiables. En lugar de vínculos humanos, lo que se cultiva es la repetición mecánica.
El impacto silencioso en la salud mental
Este tipo de organización tiene consecuencias profundas. No se trata solo de fatiga física, sino de desgaste emocional, frustración cognitiva y pérdida del sentido del trabajo. Numerosos estudios en psicomotricidad y neurociencia confirman que cuando una persona es privada de decisión sobre sus acciones, su cerebro pierde flexibilidad y capacidad de anticipación. Esto es especialmente grave para profesionales con TDA (trastorno por déficit de atención), cuya adaptación al entorno requiere márgenes de maniobra, comprensión del conjunto y referencias espaciales estables.
Según datos del sindicato UGT en 2023, más del 70 % del personal auxiliar en residencias madrileñas sufre síntomas de ansiedad o estrés crónico. Las trabajadoras, mayoritariamente mujeres de entre 40 y 60 años, relatan una creciente sensación de vacío profesional. No pueden pensar el trabajo, solo ejecutarlo.
Salarios bajos, rotación alta y poco reconocimiento
A pesar del esfuerzo diario, el salario medio de una auxiliar en una residencia privada en Madrid apenas supera los 1 200 € brutos mensuales. Mientras tanto, el coste de vida en la capital es uno de los más altos de España. Las condiciones contractuales incluyen turnos partidos, noches mal remuneradas y escasas oportunidades de formación. Las bajas se cubren con prisa, sin acompañamiento, y las nuevas incorporaciones entran directamente en una rutina estricta sin posibilidad de adaptarse gradualmente.
La rotación del personal es tan alta que en algunas residencias privadas, el 40 % del equipo cambia cada año. Esta inestabilidad repercute directamente en los residentes, que ven cómo cambian los rostros que los cuidan sin poder establecer lazos duraderos.
Según el IMSERSO y el Ministerio de Derechos Sociales, más del 55 % del personal de atención directa en residencias en España trabaja bajo modelos organizativos altamente estandarizados, con tareas fragmentadas y tiempos prescritos.
En la Comunidad de Madrid, el sector de los cuidados emplea a más de 120 000 personas, de las cuales cerca del 85 % son mujeres. Los estudios sectoriales muestran que una de cada dos auxiliares abandona su puesto en menos de 3 años, no por falta de vocación, sino por desgaste organizativo.
Además, el absentismo laboral en residencias privadas supera el 10%, muy por encima de la media nacional, lo que revela un sistema que se mantiene a costa del agotamiento humano.
Otro modelo es posible: inspiración y esperanza en Madrid
A pesar de este panorama, en Madrid también se están gestando alternativas. Algunos centros de gestión pública o concertada comienzan a introducir modelos más horizontales, inspirados en experiencias como Buurtzorg en Países Bajos, donde los equipos son autogestionados, las decisiones se toman colectivamente y el tiempo del cuidado se adapta a la realidad de cada persona.
Organizaciones como Médicos del Mundo o la Fundación Tomillo han promovido proyectos en los que el enfoque psicosocial sustituye al enfoque productivista. En estos espacios, las auxiliares son vistas como profesionales con criterio, no como ejecutoras de tareas. Se fomenta la formación continua, la reflexión conjunta y la corresponsabilidad.
Además, en algunos distritos de Madrid se han implementado programas piloto con supervisión emocional, escucha activa y rediseño de horarios para permitir un acompañamiento más humano. Estos cambios no solo mejoran el bienestar del personal, sino también la calidad de vida de los residentes.
Una ciudad moderna no puede cuidar como una fábrica
Madrid es una ciudad que aspira a liderar en innovación, tecnología y cultura. Pero ninguna transformación será auténtica si se sigue tratando a los profesionales del cuidado como robots programados para seguir instrucciones sin pensar. Rehumanizar las condiciones laborales en las residencias no es un lujo, es una necesidad democrática.
Detrás de cada turno agotador, hay una historia personal. Detrás de cada jornada sin pausas, hay un vínculo roto. Reconstruir el cuidado significa devolverle su valor real: la capacidad de estar, de acompañar, de sostener. Porque el cuidado no se puede medir en minutos, ni se puede gestionar con cronómetros. Se mide en humanidad.
Transformar la restricción en un desafío ESG
No todos los oficios permiten una organización flexible. Muchos trabajos esenciales —como los de limpieza, mantenimiento, atención sanitaria básica o acompañamiento residencial— dependen estructuralmente de modelos organizativos estandarizados. El error no reside en la existencia de estas estructuras, sino en su aplicación ciega, rígida y deshumanizada.
El verdadero desafío consiste en hacer comprensibles estas restricciones, explicarlas, contextualizarlas y permitir que quienes trabajan en primera línea participen en su evolución. Cuando la organización deja de ser un sistema opaco impuesto desde arriba y se convierte en un marco inteligible, la lógica de control puede transformarse en una lógica de responsabilidad compartida.
Desde una perspectiva ESG, esta transformación es clave. En el plano social, reduce el desgaste psicológico, la rotación y el absentismo. En el plano de gobernanza, refuerza la coherencia interna, la transparencia y la capacidad de la organización para asumir sus decisiones. Y en el plano reputacional, permite pasar de un discurso defensivo a un relato honesto sobre el trabajo real, con sus límites y sus exigencias.
Aquí, el trabajo editorial desempeña un papel estratégico. Nombrar las tensiones, estructurar el relato organizativo y dar visibilidad al trabajo invisible no es una operación cosmética: es una herramienta de gestión y de transformación. Las organizaciones que se atreven a poner palabras sobre sus propias contradicciones son también las que están mejor preparadas para afrontar los retos sociales del cuidado y del envejecimiento.
Porque las condiciones de trabajo no se humanizan eliminando toda restricción, sino haciendo que esas restricciones tengan sentido. Y el sentido, en las organizaciones complejas, se construye con lenguaje, con coherencia y con responsabilidad.
Actualizado el 16/12/25


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