Tesla y la IA en recursos humanos: lo que el niño y el cóndor enseñan sobre IA

El uso de la inteligencia artificial avanza rápidamente en Europa, pero ¿puede realmente reemplazar la inteligencia humana? Desde Tesla hasta los Andes: una historia de transmisión, IA y humanidad frente a ChatGPT, Perplexity y Mistral en los procesos de RR. HH.

COMMUNICATIONVEILLE SOCIALE

Lydie GOYENETCHE

12/29/20255 min leer

TESLA Y IA
TESLA Y IA

La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales motores de transformación empresarial, incluso en un ámbito históricamente vinculado a la relación humana: los recursos humanos. En Europa, más del 60 % de las grandes empresas declara utilizar o estar probando soluciones de inteligencia artificial en sus procesos de RR. HH., especialmente en el reclutamiento, el análisis de candidaturas, la evaluación del desempeño y la planificación de competencias. A nivel global, el mercado de la inteligencia artificial aplicada a los recursos humanos crece a un ritmo anual superior al 15 %, impulsado por la promesa de mayor eficiencia operativa, reducción de costes y toma de decisiones más rápida.

En este contexto de aceleración tecnológica y presión sobre la productividad, empresas emblemáticas de la innovación, como Tesla, han comenzado a integrar herramientas de inteligencia artificial en distintas etapas de la gestión del talento. El objetivo declarado es optimizar procesos, anticipar necesidades futuras de competencias, reducir errores humanos y ganar agilidad organizativa. Desde un punto de vista estrictamente técnico, el planteamiento parece coherente.

Sin embargo, esta automatización creciente plantea una cuestión central desde la perspectiva de los criterios ESG y, en particular, del pilar social (S): ¿qué ocurre con el capital humano cuando los algoritmos empiezan a filtrar, evaluar u orientar trayectorias profesionales? Diversos estudios internacionales muestran que los sistemas de inteligencia artificial utilizados en procesos de selección pueden reproducir o incluso amplificar sesgos existentes relacionados con el género, la edad o el origen social, especialmente cuando se entrenan con datos históricos marcados por desigualdades estructurales. Otras investigaciones alertan sobre el impacto potencial de estas tecnologías en el sentimiento de reconocimiento, la pérdida de sentido del trabajo y la salud mental de los empleados, factores clave de la performance social sostenible.

Con la entrada en vigor de nuevas exigencias de reporte extra financiero, en particular las vinculadas a la CSRD, las empresas ya no pueden limitarse a evaluar la eficacia tecnológica de sus herramientas. Están llamadas a analizar su responsabilidad social, la gobernanza de la inteligencia artificial y su capacidad para preservar dimensiones esenciales que no se dejan reducir a indicadores: la confianza, la escucha, la transmisión cultural y la dignidad de las trayectorias humanas.

Ahí se sitúa el eje de este artículo. No se trata de oponer inteligencia artificial y recursos humanos, sino de interrogar sus límites respectivos desde una perspectiva ESG. Porque si la inteligencia artificial permite ver más lejos y decidir más rápido, no percibe el temblor de una voz, el peso de una historia personal ni la fragilidad de un equilibrio humano.

Es en este punto donde cobra sentido la metáfora del cóndor y del joven pastor.

Inteligencia artificial y pilar social del ESG: cuando la eficiencia redefine la relación humana

El pilar social del ESG frente a la automatización de los recursos humanos

El pilar social del ESG evalúa la manera en que las empresas consideran a las personas que las integran, no solo como fuerza de trabajo, sino como sujetos portadores de derechos, dignidad y trayectorias singulares. Incluye la igualdad de oportunidades, la calidad de vida laboral, la salud mental, la inclusión y el reconocimiento. En este marco, la función de recursos humanos desempeña un papel central, ya que estructura la relación cotidiana entre la organización y su capital humano.

La introducción de la inteligencia artificial en este ámbito marca un punto de inflexión. Según datos de la Comisión Europea y de consultoras internacionales, más del 65 % de las grandes empresas en Europa utiliza ya sistemas automatizados en al menos una fase de sus procesos de recursos humanos, y el reclutamiento es el primer terreno de aplicación. Esta tendencia se acelera bajo la presión de la escasez de talento, la necesidad de reducir plazos de contratación y la búsqueda de eficiencia operativa.

El reclutamiento algorítmico: responder a una necesidad antes que reconocer una trayectoria

Los sistemas de inteligencia artificial aplicados al reclutamiento permiten analizar miles de candidaturas en pocos segundos, identificar competencias clave y clasificar perfiles según su adecuación a un puesto. Estudios recientes indican que el uso de herramientas automatizadas puede reducir el tiempo de selección hasta en un 40 %, un argumento frecuentemente esgrimido por las direcciones de recursos humanos.

Sin embargo, este gain de eficiencia transforma silenciosamente la lógica del reclutamiento. El proceso deja de partir de la persona para partir de la necesidad. El candidato es evaluado principalmente como una respuesta funcional a un puesto definido, y no como un individuo portador de una historia, de rupturas, de aprendizajes informales y de potenciales no lineales. Desde esta perspectiva, la dignidad del recorrido humano se diluye en matrices de competencias y modelos predictivos.

Desde el punto de vista del pilar social del ESG, esta evolución plantea una cuestión de fondo: ¿la empresa sigue reconociendo a las personas por lo que son o las reduce a lo que necesita de ellas en un momento dado? La diferencia no es semántica, porque condiciona la calidad de la relación laboral a largo plazo.

Datos, sesgos y reproducción de desigualdades estructurales

Los algoritmos de reclutamiento se entrenan a partir de datos históricos. Numerosos estudios académicos y auditorías independientes han demostrado que estos datos reflejan desigualdades preexistentes en el mercado laboral. En consecuencia, los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir sesgos relacionados con el género, la edad o los recorridos profesionales no convencionales. Investigaciones internacionales muestran, por ejemplo, que algunos modelos de selección penalizan de forma sistemática interrupciones de carrera o trayectorias no lineales, afectando especialmente a mujeres y personas en reconversión profesional.

Desde una perspectiva ESG, este fenómeno representa un riesgo social tangible. No solo compromete los objetivos de diversidad e inclusión, sino que limita la capacidad de la empresa para identificar talentos fuera de los modelos dominantes. En un contexto donde la resiliencia y la adaptabilidad se consideran competencias clave, la estandarización algorítmica puede empobrecer el capital humano en lugar de enriquecerlo.

Evaluación automatizada y pérdida de reconocimiento subjetivo

Más allá del reclutamiento, la inteligencia artificial se utiliza cada vez más para evaluar el desempeño, anticipar riesgos de rotación o analizar el compromiso de los empleados. Según encuestas europeas, casi el 30 % de las empresas que utilizan IA en recursos humanos la emplean también para medir la performance individual o colectiva. Estos sistemas se apoyan en indicadores cuantitativos, patrones de comportamiento y análisis predictivos.

Sin embargo, diversos estudios sobre calidad de vida en el trabajo indican que la percepción de ser evaluado principalmente por métricas automáticas contribuye a una pérdida de reconocimiento subjetivo. La ausencia de espacios de diálogo y de interpretación humana se asocia a un aumento del estrés, de la desmotivación y de los riesgos psicosociales. Desde el pilar social del ESG, estos impactos no son secundarios: afectan directamente a la sostenibilidad social de la organización y a su capacidad para fidelizar a largo plazo.

La inteligencia artificial como vector de riesgo o de coherencia social

La inteligencia artificial no es neutral en los recursos humanos. Actúa como un vector estructurante de la relación entre la empresa y las personas, influyendo en la forma en que se reconoce, se evalúa y se acompaña a los individuos. Integrarla sin un marco ético claro equivale a confundir optimización de procesos y respeto del capital humano.

Desde la lógica del ESG, la cuestión central no es si la inteligencia artificial debe utilizarse, sino desde qué visión del ser humano se la integra. Cuando el reclutamiento y la gestión de personas se reducen a la satisfacción de necesidades funcionales, el riesgo es olvidar que cada trayectoria profesional es, ante todo, una historia humana que merece reconocimiento, escucha y dignidad.