Acompañamiento digital estratégico para empresas: decidir y crecer en el sector financiero
Un acompañamiento digital estratégico para empresas financieras que necesitan decidir, priorizar inversiones y adaptarse a nuevos hábitos digitales en España y América Latina.
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Lydie GOYENETCHE
1/10/20268 min leer


por qué el sector financiero es el “laboratorio” perfecto para hablar de acompañamiento digital estratégico
En España, el sector financiero es uno de los espacios donde mejor se ve la diferencia entre “digitalizar” y “construir una trayectoria de crecimiento viable”. No es casualidad que, dentro del mercado español de consultoría, la industria financiera (banca, seguros y servicios financieros) concentre alrededor de 29,1 % de la demanda total de servicios de consultoría: es un sector donde la presión regulatoria, tecnológica y competitiva obliga a decidir bien antes de ejecutar.
Esa presión se nota también en el comportamiento de los usuarios. En 2025, según datos atribuidos a Funcas, 80,8 % de la población usuaria de internet opera ya por banca móvil o web, muy por encima de la media de la UE (63,9 %), y las previsiones apuntan a un uso digital del 94,9 % en 2030, convirtiendo lo digital en el canal estándar de relación. A la vez, el Banco de España recuerda que el avance digital no se distribuye de manera uniforme por edades: en 2022, el uso de banca online alcanzaba 94 % en hogares con cabeza de familia de 35 años, pero bajaba a 39 % en hogares con cabeza de familia mayor de 70, lo que anticipa un desafío a 10 años en inclusión financiera y diseño de servicios.
Si miramos el mercado por “segmentos de transformación”, la presión se multiplica. En fintech, España está en una fase de aceleración: estimaciones privadas sitúan el tamaño del mercado fintech en 3.520,84 millones USD en 2024, con proyección a 13.214,06 millones USD en 2033 (crecimiento de varios múltiplos en menos de una década).
En paralelo, crecen verticales como pagos digitales, lending alternativo, insurtech y wealthtech, que compiten por capas concretas de la cadena de valor. Y esto ocurre mientras el propio “mercado de transformación digital” en España crece con fuerza: un informe de mercado estima 20.563,7 millones USD en 2024 y 88.762,7 millones USD en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 28,5 % entre 2025 y 2030. Aunque este dato es transversal (no solo finanzas), sirve para entender el contexto: la digitalización deja de ser un proyecto y se convierte en un entorno permanente.
En este escenario, los próximos 10 años no se decidirán solo con tecnología, sino con decisiones comerciales y organizativas difíciles: cómo sostener márgenes en un mercado con comparadores y expectativas de inmediatez, cómo integrar IA y automatización sin erosionar confianza, cómo cumplir normativas europeas cada vez más exigentes en resiliencia y datos, cómo competir con actores digitales sin perder base de clientes tradicionales, y cómo evitar que la eficiencia digital genere nuevas formas de exclusión.
Aquí es donde el acompañamiento digital estratégico para empresas deja de ser un “servicio blando” y se convierte en un acelerador de coherencia: ayuda a leer el país y el marco regulatorio, a mapear hábitos de pago y adopción, a entender ciclos de decisión internos (riesgo, compliance, tecnología, negocio), y a convertir esa lectura en una hoja de ruta que prioriza inversiones, reduce fricción y protege la trayectoria de crecimiento. En un sector que ya vive en lo digital —y donde casi todo error se paga caro—, acompañar estratégicamente significa, ante todo, decidir con realismo antes de escalar.
Las verdaderas prioridades estratégicas del sector financiero en la transformación digital
Decidir bajo presión: crecimiento, confianza y rentabilidad en un entorno ya digital
En el sector financiero español, la transformación digital ya no es un proyecto, sino un estado permanente. En 2025, 80,8 % de la población usuaria de internet utiliza banca digital, frente a 63,9 % en la media de la Unión Europea, y las proyecciones apuntan a una adopción cercana al 94,9 % en 2030. Este nivel de madurez cambia radicalmente la naturaleza de las decisiones estratégicas. El reto principal ya no es atraer usuarios al canal digital, sino sostener crecimiento y rentabilidad en un entorno donde la comparación es inmediata, los costes tecnológicos aumentan y la confianza se vuelve un activo crítico. A diez años vista, las entidades se enfrentan a una tensión estructural entre eficiencia operativa, exigencias regulatorias crecientes y expectativas de clientes que ya consideran lo digital como un estándar, no como un valor añadido.
España frente a Perú y Colombia: adopción digital y límites económicos del mercado
Comparar España con mercados latinoamericanos permite entender por qué una misma estrategia digital no produce los mismos resultados. En Perú, la tenencia de cuentas financieras aumentó en 30 puntos porcentuales entre 2014 y 2024, y el uso de pagos digitales creció 29 puntos porcentuales en el mismo periodo. Sin embargo, el nivel de inclusión financiera sigue situándose entre 50 % y 70 % de la población adulta, y entre quienes no tienen cuenta, 85 % declara que los costes son demasiado altos, 60 % menciona la distancia a los puntos de acceso y 51 % considera suficiente que un familiar tenga cuenta.
En Colombia, el contexto es distinto: en 2024, el 96,3 % de los adultos disponía de al menos un producto financiero, lo que desplaza el foco estratégico desde la inclusión hacia la calidad del servicio, la continuidad digital, la ciberseguridad y la resiliencia operativa. España, por su parte, combina una adopción digital muy elevada con una presión intensa sobre márgenes y cumplimiento, lo que hace que cada decisión tecnológica tenga un impacto directo en la trayectoria económica.
Por qué el acompañamiento digital estratégico responde a estas prioridades
En este contexto, el acompañamiento digital estratégico para empresas no responde a una necesidad técnica, sino a una necesidad de gobernanza de decisiones. En España, permite priorizar inversiones cuando el margen de error es reducido y los costes de una mala decisión se amplifican por la escala y la regulación.
En Perú o Colombia, el acompañamiento debe integrar además variables económicas y sociales —costes percibidos, acceso, confianza— que condicionan la escalabilidad real de cualquier iniciativa digital. En todos los casos, el valor del acompañamiento reside en su capacidad para alinear país, regulación, hábitos de uso, ciclos de decisión internos y objetivos de crecimiento en una trayectoria coherente. No se trata de hacer “más digital”, sino de decidir qué digital, para quién y a qué ritmo, de forma compatible con la sostenibilidad económica y la confianza a largo plazo.
Digitalización de los hábitos de decisión y profundización informativa en el sector financiero
De la búsqueda inicial a la comparación experta: nuevos recorridos de decisión
En los últimos años, la digitalización de los hábitos de compra y de decisión en servicios financieros ha ido acompañada de una profundización del proceso informativo.
En España, distintos estudios de mercado sitúan entre 70 % y 80 % la proporción de usuarios que consultan información online antes de contratar un producto financiero complejo, y una parte creciente de ese recorrido no se limita a la web de la entidad.
Los comparadores especializados, los portales sectoriales y, más recientemente, los entornos de síntesis asistida por IA —como los resúmenes generados por motores de búsqueda o herramientas conversacionales— forman parte de un ecosistema donde el cliente contrasta, verifica y contextualiza. Este comportamiento no implica necesariamente desconfianza, sino una expectativa de comprensión: el usuario busca explicaciones claras, comparaciones argumentadas y señales de coherencia entre discurso, oferta y realidad del mercado.
El papel de la influencia como pedagogía comercial, no como prescripción directa
En este contexto, el marketing de influencia en finanzas tiende a funcionar menos como recomendación directa y más como pedagogía comercial.
No se trata tanto de “convencer” como de ayudar a entender. En España y en varios países de América Latina, los contenidos producidos por perfiles considerados expertos —analistas, divulgadores económicos, profesionales del sector— muestran tasas de atención y credibilidad más altas que los mensajes puramente publicitarios, especialmente entre públicos con cierto nivel de alfabetización financiera.
Entre los segmentos de 30 a 55 años, con perfiles profesionales medios y altos, se observa una mayor propensión a seguir a prescriptores que explican riesgos, límites y escenarios, incluso cuando no ofrecen una solución inmediata. En mercados como Colombia o Perú, donde la adopción digital crece pero convive con barreras económicas y de acceso, estos contenidos cumplen además una función de reducción de incertidumbre, ayudando a interpretar productos y procesos que no siempre son intuitivos.
Personas, expectativas y límites de la influencia en decisiones financieras
La eficacia de estos canales depende en gran medida de la selección del persona y del momento del ciclo de decisión. Los usuarios más jóvenes, por debajo de 35 años, tienden a consumir formatos breves y comparativos, mientras que los perfiles de mayor edad o mayor responsabilidad económica suelen dedicar más tiempo a contenidos largos y especializados.
En términos de categoría socioprofesional, los segmentos con mayor estabilidad de ingresos y responsabilidad patrimonial muestran expectativas más altas en cuanto a transparencia, coherencia y profundidad explicativa.
En este escenario, ni la IA ni la influencia sustituyen al juicio del cliente; actúan como capas adicionales de información que pueden facilitar o dificultar la decisión según su calidad. De ahí que el acompañamiento digital estratégico tenga sentido como marco: no para amplificar mensajes, sino para ordenar contenidos, canales y discursos de acuerdo con los comportamientos reales de consumidores y prescriptores, aceptando que la decisión financiera informada es hoy más lenta, más comparativa y menos lineal que en el pasado.
El valor de un acompañamiento digital estratégico flexible en un entorno de decisión exigente
En el sector financiero, la digitalización ha transformado no solo los canales, sino también la forma en que se toman las decisiones. En España, más del 80 % de los usuarios de servicios financieros se informa en línea antes de contratar un producto o de aceptar un cambio relevante, y en perfiles profesionales con mayor responsabilidad económica este porcentaje se aproxima al 90 % cuando la decisión tiene impacto a medio o largo plazo. Este comportamiento, cada vez más extendido, implica procesos de reflexión más largos, más comparativos y menos lineales, donde la acumulación de información no siempre facilita la claridad.
En este contexto, un acompañamiento digital estratégico flexible, estructurado por horas y realizado en línea, responde a una necesidad concreta de las empresas: disponer de un espacio de análisis ajustado a su realidad, sin compromisos rígidos ni soluciones prediseñadas.
Los formatos modulares permiten concentrar el tiempo y el presupuesto en los puntos realmente críticos, algo especialmente relevante cuando los procesos de decisión implican a 6 o más interlocutores y se desarrollan a lo largo de varias semanas o meses. Diversos estudios sobre eficiencia en consultoría y toma de decisiones muestran que la preparación previa de los intercambios —mediante la formulación anticipada de preguntas y objetivos— puede reducir entre 20 % y 30 % el tiempo necesario para clarificar escenarios, riesgos y prioridades.
Más que acelerar decisiones, este tipo de acompañamiento busca mejorarlas. Permite ordenar la información disponible, confrontar hipótesis y ajustar el ritmo de la transformación digital a las capacidades reales de la organización y a las expectativas de sus clientes y prescriptores. En un entorno donde la confianza sigue siendo un activo central y donde los errores estratégicos se amplifican rápidamente, la flexibilidad, la preparación previa y el diálogo estructurado se convierten en ventajas discretas pero duraderas. Desde esta perspectiva, el acompañamiento digital estratégico no es una solución cerrada, sino un soporte para decidir con mayor lucidez en un entorno cada vez más complejo.


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